Fragmento erótico de la lluvia “Salvador Biko”

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Fragmento erótico de la lluvia

– Toma – Me alcanza la última botella de cerveza mientras desnudos miramos en la oscuridad en techo reflexionando sobre nuestro rencuentro. Hace horas y algunas semanas que pasamos hablando de nuestra historia, somos cómplices del agua que a pasado bajo el puente. De estos tres años y medio que no nos veíamos, que nos escribimos. De este encuentro que rectifica que es un imposible, que solo podemos dejar afuera el recorrido de lo que somos cuando estamos solos. Ella sintió el chamullo de la lluvia -.Está lloviendo
– No, es el ventilador…
– No, está lloviendo
Apagué el ventilador – Si esta lloviendo
– Viste te dije. Vamos al patio
Nos fuimos al patio bajo el techo de cinc vestidos solo con unas remeras. Ella se sentó sobre la vieja mesa de madera de siglo XIX, prendió un cigarrillo, estiró su cuello como para oír mas cerca de las gotas, sus ojos seguía iluminados, sus piernas columpiaban como una niña, la tierra humedecía como su vulva mas allá de las baldosas de azulejos, el tupido arce negundo goteaban las hojas. La apreciaba, la retenía, hacia demasiado tiempo no la veía así. La vida se renueva, se enciende y adolece. Mi boca besa su cuello lentamente un par de veces, goza con una mueca astuta, como desinteresada ella pitaba – Para, me caliento
Fruncí la mirada distante en una sonrisa achinada – ¿De que forma?
Me mira casi imperceptiblemente, de reojo, sin dejar su nariz se dirija a la parte donde la copa del árbol y el techo se dividen la lenta caída del agua – de todas – respondió. Nuestras sonrisas se confunden, algunos vecinos de los módulos de las viviendas de atrás del alambrado y las enredaderas comienzan a salir para el trabajo. La gris noche pasa al amanecer – cuanto hace que no estoy desnuda bajo la lluvia
Di cinco pasos hacia atrás, me saqué la remera

Caminé al pasillo donde no había techo, la lluvia se intensifica, ella deja su reloj de oro sobre la mesa. Llega con su paso rápido, una pausa, sus ojos buscan el infinito de los míos introducidos a buscar un todo, despiertan los efusivos besos de la pasión borrachos de éxtasis. Ella aún sigue con mi remera puesta ondulando sobre la mitad de sus amplias y suaves nalgas. Esa perfecta redondez a sus caderas… el frenesí crecía, el movimiento de los vecinos nos es imperceptible, es solo un leve murmullo. La dí vuelta, apoyó las manos contra la pared, volvimos a besarnos cuando mi miembro entro lentamente con su gemido, poco a poco la lluvia nos embadurna salvajemente, el éxtasis es mayor. La precipitación ahora es mas intensa tan acorde como a nosotros, la naturaleza y el coito buscando encontrarse mandando a la mierda la civilización. Estamos escapados del mundo, sus gritos y los gemidos intensos de ambos, mi pelvis y sus nalgas chapoteando como nuestros cuerpos mojados, gotean las bocas semi abiertas… el largo aliento de su orgasmo, la fe latía en mi miembro con la enajenación enferma en la velocidad del corazón. La corrida ahora hasta la vieja mesa en la turbulencia donde ya nada existe, su nuevo orgasmo, sus nalgas deliciosas y la conclusión en mi eyaculación cuando en la mesada de la cocina nos miramos bañados, satisfechos, nos besamos exhaustos, nos reímos y en ese nexo nuevamente nos amamos

Salvador Biko
Foto: Luiggy Mocchi Baez

 

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