Del libro en gestación Maximiliano García comocido como Salvador Biko

10313555_823337177709003_7625562946487240177_n

Foto: María Eugenia Castillo

El fulano y los ojos de ella

Cuando todo sabe a nada girando con sus ojos iluminados, maquillados y al pasar la noche, tristes y desesperados. La magia que no levanta cabeza, que es un toma y daca
en el ventaron de la desesperanza, de la atracción consumada dando todo. Prestando la socarronería una y otra vez, hasta quedar dilapidada en los oídos sordos del silencio. La belleza se va opacando, el corazón late casi fuera del cuerpo y la respiración es profunda, permanecer es la consigna. El día a día en el embargo del alma escupiendo los sacrificios de la diaria cuota, satisfaciendo la secuela de niño, las palmas de la sobrevivencia del último episodio de una novela incompleta, todo se desvanece como si nada hubiera existido. Los peldaños de lo cierto se borran al final del corredor pero la memoria persiste, la guerra fluye, el escorpión se toma su tiempo quieto como una momia en los sabidos trascursos de la cosecha. Donde alguien meterá la mano sin escrúpulos y será parte de juego. En el medio del juego la clara rota de algún fulano rey sin corona la saca un rato del mundo de alquiler: – Hoy tienes los ojos iluminados
La sorpresa, la insatisfacción y la ilusión hacen mecha en ella. La aventura de ambos. Se marean mutuos existiendo en el mar de los desesperados, dos mundos, dos continentes, la lírica cuota de la bohemia, la atracción de los centros de ese tugurio son los movimientos de ambos. Son cómplices, son la tormenta que mueve los hilos del viento haciendo sonar los truenos embadurnados de vicios. Se escapan del lugar. Alguien comenta Se juntaron el hambre y las ganas de comer. Caminan apurados hasta la casa de él. Desnudan sus intensas vidas apadrinados a la bacanal, sometidos a su seducción, a lo chiquita que se siente en las fiestas que ha hecho por su porcentaje de vida, a los deseos de volver a su país. A las pérdidas que requiere el morir por el arte de él. A lo que deja el vértigo de ciertas vidas que parecen no tener límites, donde aparecen como seres guerreros intocables que subsistirán a cualquier batalla, pero las heridas sangran como aquellos hijos que no ven. Ya se habían visto ahí donde hurgan los misterios, sabiendo que terminarían alguna noche juntos, él lo dice, ella lo asienta, inhalan y beben. La percepción, la maldita percepción de los amantes del momento justo en el tiempo. Ella le pidió para darse un baño y quiso que él la amara, él la beso y comenzó a comer su cuerpo, pero algo, no sabe qué, lo detuvo en su entre pierna. Venía de varios días de poco sueño y este trajín. Ella lo miró, lo beso. A él le pareció muy raro que se haya detenido y ella no lo cuestionó. Se vistieron, salieron en busca de un poco más de vicio basados en los encantos de ella. Volvieron con sus ofrendas como si nada hubiera pasado. Siguieron tirando los paredones de sus pasados. Los inquietos seres se encuentran en la mañana imperceptible ya desmadrados, han hablado sin descanso, besándose hasta el hartazgo, ya no dan más… los desquiciados románticos se duermen en una alcoba pero nadie los ve… él se despierta, ella lo mira con los ojos tristes y no quiere que la toque, él no la cuestiona… así se despedirán tarde en la tarde casi noche de otro día… se volverán a ver, a rozarse, a mirarse, a besarse, pero no se irán juntos, cada uno hace su camino sin celos. Hasta esa tarde donde se encuentran para ir en la noche por caminos diferentes a una fiesta, fue esa madrugada donde los centros de las miradas de sus artes son los que mueven al reino de los bohemios para delicias de unos y otros, para siete horas encantadas entre guitarras y voces de los sentidos que comparten la camaradería de las almas. Allí es cuando casi con descuido él mientras canta o toca en medio de diferentes artistas vuelve a ver el brillo de sus ojos expectantes, brillantes, astutos cuando ella toma su tiempo entre la atracción que no deja de llamar la atención a los hombres y mujeres. Así están siendo el centro en el mundo de los perdedores. Volverán solo a dormir juntos esta vez. Se verán salir cada uno en su camino ya despegados de la encrucijada, al fulano rey le a quedado una cadena con un colgante entre las sabanas, en él, en el medallón la imagen de María Magdalena. Nunca tuvieron ni una sola cena. La recuerda cuando la necesidad de la soledad encalla en las márgenes del océano… será lo que los separe al final del capítulo, solo quedarán los recuerdos en los fuegos donde brillaron la cortesana y el rey encendiendo los deslumbrantes ojos en las madrugadas…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: