Del Libro “La poesía que tenía olvidada enramada en las prosas de algún cuento”

Foto: Federico Nublado

Foto: Federico Nublado

Blancas esperas al par de las risas vacías, una noche ala de una pared para poder volar. El mar contradictorio lucha con las corrientes de los vientos, un momento ausente en la diaria necesidad que no sale en portada. Jugamos con la marea robando segundos muertos de la barca de Caronte. Ese dibujo inconforme forma los días iguales, los que no son los días menos pensados, los que no encuentran sorpresas, los que no son presa de un lugar inoportuno. Los que no apuestan a las reliquias de los caminos, a las pisadas de la duda en el faro del fin del mundo de la melancolía. Todo transcurre rápido e intenso, el detenerse es atarse a la cama, dormir cuando el estómago puja sus nervios con leves calambres compinches del ansia. Los ojos no parpadean, nada cambia, el choque está afuera aunque lastime. Abres la puerta y sales como un cazador sin presa… como un grito infame que trocó la esperanza en algún recuerdo perdido por la mesa de póker del bien y el mal, donde el Paraíso y el Infierno son fiscalías de las doctrinas de sus fiscos. Así, descreído, buscas algo que te convenza, algo que te saque de cierta razón ardiendo al fuego de los excesos…

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