Fragmento de cuento “Todavía no lo sé” del libro Cuentos;Bohemios,Damas,Solos,Urbanos

Todavía no lo sé

Foto Natalia Solsona

(Una historia de los noventa)

     

            Tomamos un taxi los cuatros, el transformador de materia estaba roto. Llegamos a una disco, o eso parecía. Era un galpón viejo. Las luces azules atravesaban los negros es

pacios. En altas tarimas bailarinas se movían con éxtasis de la música trans. Creo. Sabrina cambió sus felinos movimientos por los de una colegiala aniñada. Yo estoy convertido en un pervertido violador de adolescentes. Me encanta. Ella me trajo un whisky, me comió en el fervor de un beso. Antonio y Carla hacen “el amor” en el baño. Tomó mi mano. Bajamos al sótano donde el soul, el funk y rock and roll hacían estragos. Me sentí ameno. Ella repartía besos, yo recibía con una pequeña sonrisa. Tomé otro whisky. Bailamos “I feed good” y todo lo que siguió después. Todo era muy glamoroso como una gran revista francesa, ojos invadid

os por maquillajes de arlequines, gatos, demonios de ángeles caídos del mundo oculto de la nueva bohemia. De los sueños artísticos buscando un vestigio de salvación. Nuevas cortesanas y dandis del tercer milenio con el circo de payasos, de malabares y equilibristas. Y yo allí con mi dama, con esa niña modelo de actriz que me pechó con su encandilada. El alcohol paseaba en nuestras venas agasajándonos, introduciéndonos uno en el otro por intermedio de bailes cómplices. Atrapándome igual a un pequeño infante enardecido en su día franco. Caminamos hasta su casa. Un loft un poco más pequeño del que soñé. La pintura de cuerpos ardientes sobre la cama. Sus piernas perfectas, su cuerpo bendito, su carne rosa enardecida y jugosa al tacto tácito. Sus ojos mielados, bestiales; el cabello lacio, rubio y desprolijo con elfo del infierno. Vestido a medio sacar debajo de maduros senos. Desenfreno ardiente de ropas voladoras. Entabla

mos una batalla de juegos, de besos internados en los mundos del poder; en el dominio del dominante orgasmo furtivo. Allí quedamos lo que quedaba de noche y día por venir. Despertando y fornicando. Fornicando y durmiendo. Despertando.

 – Sabes, me es

tás dando miedo – su voz suave mientras se recuesta a mi pecho. Ambos sentíamos lo mismo por la atracción, por el dejo que embarcan los sentidos clandestinos que no quieren ser atrapados. Sus húmedos labios comenzaron a joder con los míos, al tiempo su pubis frota

mi escroto cortejando la entrada resbaladiza que arde en su caldo como una marea revuelta, efusiva, en el ardor implacable de quienes

se desean. Así tuvimos un orgasmo lento, pausado, satisfecho en los jugos enloquecidos de nuestro calor. Luego, cabalgó sobre mí h

asta que las ojeras nos vieron en risas etéreas de un coito homónimo.

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