Del libro “La poesía que tenía olvidada ahora enramada en las prosas de algun cuento”

Parlantes desconados del planeta con el sonido lento a cada paso no pueden agregarle color al cuento, camino por la playa de la estación de los recuerdos. Alguien me toca el hombro izquierdo, al mirar no hay nadie. El baúl, el eterno baúl de juguetes perdidos temblando las claves del proceso, de los huecos imperfectos de los dientes apretados para seguir. La mueca son los ojos pícaros del niño seduciendo al perdón, padeciendo inteligencia, ocultando los miedos, tejiendo la tela para su alimento, para su andar precavido decodificando enseñanza de la mujer madre que le advierte y lo deja chocar, imaginar, caer, imaginar el eterno sueño de volar para poder reír. Los biguas pasan, migran en formaciones de flechas cortando el viento, pasándose la posta de guía. Se cuelan garzas y gaviotas. Son cientos haciendo éxodo de altura a las islas del Plata, hay que llegar antes de la noche. Los osados parecen casi rosar el agua turbia a vuelo rasante, son como niños toreando al peligro, como el romance que quema bombeando adrenalina en una caída libre. Ya se esconde el día de invierno, disfruto la proeza desde el ancla inconclusa esculpiendo necesidades atadas al conformismo. Grito como un desquiciado. Veo al otro lado de la calle, más allá de la arena el basural, el tiempo luego del tiempo deja nuestra idiota postal…

Maximiliano García
dibujo del señor Javier Gil

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