Un relato panorámico de música y poesía del señor Cabrera

La imagen de una mesa, silla, jarra, vaso, agua y su guitarra esperan como todos nosotros sentados, andariegos entre saludos, cuchicheos, ansiedades y una cronología de espectadores adolescentes, jóvenes, mayores, digamos que habría un poco más de cinco décadas entre las márgenes de edad del público presente observando la profundidad del escenario del Bastión del Carmen, en la pared del fondo se dejaba ver la cegadora noche así como las costa del río por la gran ventana dando un marco notablemente armónico, estimulantemente teatral. Cuando apareció la figura menuda en su peinado de pájaro volador desprolijo, la cara de niño astuto que no dice nada en su leve sonrisa comprensiva. Allí bajo la luz el hombre que timonearía el barco por la próxima hora ante el agasajo de una sala prácticamente colmada lo vio mostrarse como salido de “La casa de al lado”, el señor Fernando Cabrera se presentaba en Colonia para gracias de muchos y encima gratis gracias a los fondos concursables. Estaba pronto para empezar su particular e inidentificable repertorio locuaz y satisfactoriamente insolente a los dogmas del mercado, cuando un conocido interprete de las peñas colonienses quebró el silencio tras el aplauso – Yo quería ser como vos.

Comenzó el show con sus letras de soledades, amores, ironías, simpatías, recuerdos y el collage de sentimientos intangibles que lo caracteriza como su voz de descripciones simples en marcos subreales. La verdad no soy un gran escuchador de Cabrera pero por diferentes motivos nos hemos encontrado, va yo lo he encontrado a él, pues no creo que me conozca. Pero el hecho es que siempre que lo escucho es eso, es como cuando escribí sobre Viglietti, son trovadores, recitadores en este caso de Cabrera por una poética más urbana. A lo que voy es que verlos en vivo trae otro apañe, por mi cabeza en este momento pasa Eduardo Mateo como una falta, como una ilusión del debe de otros años donde no se cuidaba a los artistas. Los discos quedan, la vida en ellos, los momentos son únicos.

La simpleza en un momento donde se acompañó tan solo por una cajita de fósforos, por su voz que continuamente parece irse como en una gambeta y sigue sin perder nota, por sus explicaciones sin explicación de alguna canción, por sus pausas para decir una poesía, por un espectáculo tan bien preparado, aceitado y a la vez ecléctico. Es verdad fue solo una hora y a muchos nos pareció poco pero,  “no hay tiempo, no hay hora, no hay reloj”. Me dijo una amiga que lo vio con el sarcófago guitarra en la terminal aquel sábado 9 de abril del 2011, tomando el bondi pa la capital, llevando la canción aquel trovador…

Maximiliano García

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: